¿Dónde ocurre el aprendizaje?

Hace mucho tiempo, quizás la respuesta a esta pregunta hubiese sido “el aprendizaje ocurre en la escuela”. Hoy en día, no hay una respuesta obvia a esta pregunta. El aprendizaje se ha vuelto ubicuo. Asociado al uso de dispositivos móviles conectados, puede ocurrir en cualquier sitio, en cualquier momento.

Hace mucho tiempo quizás, se concebía al proceso de aprendizaje como un acto de transmisión del saber desde el profesor-emisor al alumno-receptor. Hoy en día se describe al aprendizaje como un proceso activo, de construcción del conocimiento, que ocurre tanto en el mundo físico como en el virtual, un proceso en el que intervienen el profesor, el alumno, los otros alumnos, los tutoriales de YouTube, Google, las Wikis…
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Hace tiempo quizás, se distinguía entre las horas de trabajo y las de ocio. Hoy en día, al estar siempre conectados a través de las redes, a través de nuestros “PLE” (Personal Learning Environment), la frontera entre aprendizaje formal e informal se ha vuelto difusa.
¿Cuál es el impacto de esto sobre nuestra concepción de un espacio educativo? Esta realidad actual es incompatible con la idea de que el aprendizaje solo ocurre en el interior de las aulas y solo durante el horario lectivo, que el periodo de aprendizaje dura lo que dure el periodo de escolarización y que tras ese periodo ya estamos “preparados y formados”. También es incompatible con la configuración tradicional de las aulas, con pupitres colocados frente al estrado del profesor-emisor.
Ya que sabemos que el cerebro aprende “haciendo”, los entornos educativos deberían ser flexibles y fluidos, permitiéndonos a los alumnos y profesores-guía movernos, colaborar, explorar, descubrir juntos… Ya que sabemos que una de las habilidades que necesitamos desarrollar es la de emprender, deberíamos de tener acceso a espacios-taller donde, motivados por nuestro propio interés y curiosidad, pudiéramos investigar, manipular, prototipar, crear…. Ya que sabemos que un aprendizaje se vuelve significativo en cuanto a que ocurre en conexión con el mundo real, deberíamos de disponer de puentes para facilitar ese intercambio entre los centros educativos y el resto de la comunidad… Ya que sabemos que se aprende mejor en colaboración con los otros y que el trabajo en equipo es uno de los valores de nuestra sociedad, la configuración de los entornos físicos deberían de facilitar el diálogo y el intercambio de ideas en todas direcciones…Ya que sabemos que cada persona tiene necesidades y talentos particulares, los espacios deberían de ser lo más multifuncionales y versátiles posibles…
Saunalahti school in Espoo, Finland Photo by Andreas Meichsner for Verstas architects

Saunalahti school in Espoo, Finland
Photo by Andreas Meichsner for Verstas architects

En definitiva, los entornos físicos tienen el potencial de facilitar o entorpecer estos procesos de aprendizaje. Sin embargo, la mayoría de los espacios educativos de hoy en día siguen pareciéndose como dos gotas de agua a los de hace mucho tiempo. Estamos en transición hacia una concepción más interdisciplinar, activa y colaborativa del aprendizaje, por lo que existe una necesidad real de diálogo entre la arquitectura y la educación, para la mejora y adecuación de los espacios a estas necesidades educativas del siglo XXI.
Johanna Pérez Strand
@johannapstrand

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