Una innovación más humana en educación

Acaba de terminar la feria de la educación y la tecnología SIMO 2018. En ella, tuvimos la posibilidad de conocer muchas empresas e instituciones educativas que están apostando por la innovación y la disrupción en educación. Y pudimos comprobar que lo están haciendo ya a la altura de los más grandes.

Los gigantes tecnológicos han comprendido desde hace bastante tiempo que deben unir sus innovaciones al aprendizaje, que la tecnología puede contribuir a cerrar los grandes gaps que persisten hoy en los procesos de enseñanza. En ese sentido, percibimos por ejemplo que el movimiento maker está ya asentado en la mayoría de las aulas en los colegios de nuestro país y que es entendido por alumnos y alumnas como parte natural de su proceso de aprendizaje, provocando a su vez que la desconexión entre el aula y el hogar –donde niños y jóvenes usan en su cotidianeidad los dispositivos tecnológicos- sea cada vez menor.

También vimos cómo las instituciones educativas en todos sus niveles, han tenido que readaptar su manera de enseñar para asumir este reto tecnológico. Cada vez mas nos alejamos –por suerte- de la clase de tiza y pizarra y cada vez el alumno toma una posición de centro que le hace adaptar el proceso de enseñanza a sus ritmos y a su evolución.

Ese cambio digital, aunque lento, también ha manifestado sus avances en el campo docente: no sólo son las aulas las que han cambiado para acoger y adaptarse a la infraestructura tecnológica, los docentes también lo han hecho a través de metodologías innovadoras que capten la atención del alumno, parte de una generación que “tanta mala prensa tiene” a la hora de atender en la clase o captar la atención de lo que el docente está enseñando. Prueba de esas innovaciones docentes, han sido los finalistas de las últimas ediciones del Global Teacher Prize, donde siempre hay docentes españoles, muchos de instituciones educativas pequeñas, pero con un impacto tremendamente multiplicativo si contamos con profesores que se esmeran por poner al alumno en el centro del proceso de aprendizaje.

Hasta ahí todo bien, en la lógica de ver el vaso medio lleno en lo que a innovación tecnológica y educativa en nuestro país se refiere. Sin embargo, creemos que falta un escalafón más, para que el proceso sea completamente motivador y siga creciendo. Creemos que falta desarrollar más el componente humano. Ya lo comentaban los expertos en educación disruptiva que nos visitaron hace pocos meses en la South Summit celebrada en Madrid: la humanización de la tecnología es imprescindible si queremos ver efectos positivos en el aprendizaje. En nuestra última encuesta sobre el proceso de transformación digital docente, un 56% de los docentes entrevistados confesaron su temor porque en 10 años fueran sustituidos por robots. Esto lo comentaron docentes en España, por lo que la inquietud está mucho más cerca de lo que pensamos.

La tecnología, debe ser un apoyo para el ser humano, sujeto educador, pero de ninguna manera puede sustituirlo. El proceso educativo es social y humano. Es un proceso que trasciende el acto de lo automático, para elevarse a niveles donde la educación, la formación de valores, como elementos esencialmente humanos, se configuran en el hombre como resultado del proceso educativo.

En INNEDU, el Instituto de Innovación en Negocios Educativos, así lo entendemos. Es por eso que en todos nuestros procesos, tanto en la transformación digital como en el marketing y ventas educativos, ponemos pasión y el factor humano siempre en primera línea. Porque es lo realmente puede marcar la diferencia en nuestros objetivos. Tanto es así, que hemos apostado por la pasión o mejor dicho la #Edupasión en toda nuestra oferta de servicios. Porque creemos que el factor humano tiene mucho que aportar en esta carrera tecnológica. Te invitamos a contagiarte de #Edupasión y verás “con otras gafas”, la realidad del mundo de la innovación tecnológica del que eres y debes ser sujeto activo si te dedicas a la educación.